lunes, 19 de octubre de 2009

¿Por donde empezar?

A partir de lo que comentaba en la entrada anterior, quiero comenzar a explayarme sobre una idea para empezar a desatar nudos en el camino para evitar la inseguridad.
Antes hablaba de la hipocresía que surge de lós rótulos y las leyes actuales, y que en cierta forma condicionan la forma de actuar del magistrado agrandando la falsedad que implica tratar a un sujeto de una forma cuando todos sabemos que no es el trato que merece.
Los principios fundamentales del derecho de menores, relativos sobre todo al tratamiento que debe dispensarse a los mismos en sede penal surgen de la Convención sobre los Derechos del Niño. Recordemos que este instrumento fue suscripto por prácticamente todos los países del mundo, tomando como excepción a Estados Unidos y a Somalía, que no adhirieron a tal Pacto.
A partir de ese instrumento surgen principios a respetar. La no pena capital, ni prisión perpetua sin posibilidad de excarcelación para los "niños", la edad mínima de punibilidad, etcétera.
Hay muchas cosas que resultan interesantes.

Asimismo, en la regulación penal general tenemos el Pacto de San José de Costa Rica (1969) donde se consagra el "no" a la pena máxima, la doble instancia judicial, entre muchas otras cosas que surgen con sólo ver la Convención, por lo que a ella me remito.

Mi planteo es el siguiente: nuestro país se mantiene en una falsedad obvia, dado que nuestra realidad no es la realidad de las demás potencias que suscriben estos acuerdos.
Entonces me pregunto: ¿Nos sirve mantenernos en estas convenciones, cuando no nos ayudan absolutamente en nada? Uno podría contestar: ¡Qué bestia! estos pactos son la base de nuestro ordenamiento y nos ponen límites para no sobrepasarnos y no ser "inquisidores" con los jóvenes y con todo reo.
Mmm... lo dudo. Si tenemos gente tan capaz y tanta necesidad de salir de esto -no nos va a sacar Obama, ni Lula, ni Bachelet- habría que dejar de ser "políticamente correctos" y empezar a crear nuestro ordenamiento jurídico a partir de nuestra realidad.

OJO!!!! con esto no digo quitarle garantías a los sujetos, para nada. De hecho nuestro propio ordenamiento las prevé constitucionalmente, por lo que los pactos hasta resultarían sobreabundantes.
Es decir, si eventualmente surgiera la necesidad de imponer una pena máxima, o una prisión perpetua a un joven de 17 años y 364 días que cometió un hecho gravísimo, no podríamos hacerlo? Tenemos que ver la posibilidad de que el niño contribuya a la sociedad antes de que quede encerrado? Esto nos lo dicen los pactos.
Señores, que apliquen esto en Noruega, donde no hay mas laburo que recibir turistas en los fiordos y viven como reyes -los envidio sanamente-.
O que lo apliquen en Chile, donde hay un progreso muy demarcado respecto al nuestro. Hasta Marcelo Bielsa está más cómodo allá.
No estoy diciendo ¡Pena de muerte! ni ¡Acabemos con los chicos! pero dejemos la mentira que viene desde afuera de tratar al reo de una forma que no hace a la verdadera función que tiene la pena y que no queremos admitir en público: la justa retribución.
Si empezamos saliendo de estos instrumentos "correctos y bien vistos" y nos armamos desde adentro, seremos grandes, y si somos inteligentes, vamos a ser grandes, serios y respetados mundialmente. Nadie nos va a regalar nada por estar suscriptos a un pacto.

Saludos.-

viernes, 9 de octubre de 2009

¿¿¿Y los menores???

Constantemente nos preguntamos cual es la solución para el gran problema de inseguridad -para algunos una sensación, para otros una realidad- que nos afecta día a día.
Y lo cierto es que los argentinos tenemos una particularidad, que es la de estar preparados para desempeñarnos en todas las ramas posibles de la vida: Si Maradona no pone el equipo adecuado, cada uno de nosotros sabe solucionar la cuestión y llevar a Argentina al Mundial. Si el gobierno propone y no cumple, cada uno de nosotros sabe como llevar las riendas del país.
Con el tema "inseguridad" pasa lo mismo.
Estoy completamente seguro de que si recurrimos a cada argentino, uno por uno, todos van a decir como se soluciona el problema, y difícilmente alguno con un poco de criterio diga: "la verdad no tengo ni idea, no estoy preparado para ello".
-Hay que bajar la edad de imputabilidad, que a los ocho años empiecen a pagar lo que hacen;
-Hay que poner penas más duras, así no molestan;
-A los violadores tenemos que castrarlos;
y así se podría seguir horas y horas.

Pero claro, sucede que la cuestión no está en manos de 40 millones de personas, sino que está en manos de dos cámaras legislativas, y posteriormente, en cuanto a la aplicación de lo que estas deciden y expresan, en manos del magistrado.

No voy a decir por donde creo yo que empieza la solución (lo cual quiero desarrollar aparte, dado que es no sólo para menores sino para todos los que resultan imputados de un delito) sino destacar tan sólo un problema que es claro obstáculo para darnos cuenta de porque las cosas andan como andan.

En primer lugar, se ha creado un fuero penal juvenil en la Provincia de Buenos Aires, donde la idea es llevar adelante un proceso con juez penal, fiscal y defensor, y asegurar al menor el respeto de todas sus garantías.

Eso me parece bárbaro. Está claro que hay garantías a respetar, y todos merecen tener un "debido proceso". Ahora bien, el primer problema es confundir "garantismo" con "boludez".
Uno no es garantista por ponerse una careta de Superman, y sancionar una norma por la cual al menor hay que denominarlo "joven en conflicto con la ley" y por la cual ante una fuga, hay que decir que el mismo hizo "abandono unilateral del tratamiento".

Esto es HIPOCRESÍA. Si una persona que no cumplió los 18 años de edad (en cuanto a responsabilidad penal) es acusada de un delito, es un menor, sin que ello sea despectivo, y si se acredita su ilícito, no es un joven en conflicto, ese menor cometió un delito, es delincuente. Y eso no implica, en modo alguno, menoscabar derechos de los chicos. Al contrario, si hay tanta discrecionalidad de un "joven" para ir al quiosco amigo, adquirir por una módica suma una "Bersa" y salir de gira a buscar "altas llantas" y tirar tiros, también debe darse cuenta de que no se le tiene que dispensar el trato de un niño del jardín maternal. Pero esto no pasa.

Lo mismo con las fugas. No hay abandono del tratamiento, hay un sujeto sometido a proceso que se está fugando del establecimiento donde se encuentra alojado.

Quizás alguien lo lea y se pregunte ¿En qué ayuda esto a mejorar las cosas? la verdad, no creo que ayude en forma directa, pero creo que sacarnos esta falsedad de encima, nos va a ayudar a todos a tratar las cosas con un poco más de seriedad y como se debe. Repito: no implica empeoramiento de las condiciones de nadie, sino el trato justo y necesario.

Hasta la próxima, y espero nadie se sienta ofendida/o por las cosas, espero sus aportes...
Un abrazo!

domingo, 4 de octubre de 2009

Buenas!!!!!

A veces me siento en una propaganda de Hitachi... esas que hablan de "amigarse con la tecnología".
En fin, es la primera vez que me meto en esto del blog y que se yo, y que se cuanto... la verdad es más que interesante como uno puede crear su propio espacio para decir, sencillamente, y sin importar quien lo lea o lo deje de leer... lo que piensa y lo que quiere cambiar.

Así que -sin saber hasta donde va a caminar esto- espero resulte productivo, ya empezaré (luego de dar exámenes) a decir algunas incoherencias que se me ocurren y desde ya espero sus comentarios.

Un abrazo!